30 oct 2007

Las cosas que a mí me llamaban la atención de él eran simples, muy simples. Se subía al paredón para espíar quién estaba jugando al basket en el playón de enfrente; cuando preparaba las chocolatadas, le hacía un cortecito muy pequeño al sachet, ahí agarraba y lo sacaba de su porta-sachet, lo apretaba fuertemente con las dos manos y salía la leche lanzada a toda velocidad hacia el tazón. Para que haga burbujas, decía, me lo enseñó mi viejo. Si te dirigías a la casa por la cuadra de atrás, podías ver que casi todas las tardes estaba sentado en su techo, mirando no sé qué. Su perro lo odiaba y él tenía una relación muy intensa con el, como de odio pero a la vez de mucho amor. Yo sé que él no puede estar sin mí, aunque me demuestre lo contrario, me decía cada vez que lo hacía encabronar. Siempre me invitaba a trepar por los paredones, los techos de los vecinos. Recorríamos la cuadra entera por los techos, casi siempre. Todo en la soledad de un pueblo que, hasta por la tarde misma, parecía muerto. Espíabamos, a veces, las ventanas. Generalmente había madres planchando o mirando televisión. Algún día nos van a agarrar, me dijo una de las últimas veces que nos vimos, cuando pase eso, no pelotudeamos más. Ya nada queda de eso y, aquí, no abunda el silencio.

25 oct 2007

Jueves

Cuando hoy tocaron el timbre de la puerta de mi psicólogo, yo sabía que era ella. Ella, que cae siempre con su morral desvencijado, sus topper antiquísimas y su pelo amarillo y tan largo. Y también sabía que era la hora en que yo debía retirarme. Como siempre: salgo yo y entra ella. El cruce, el choque, las preguntas internas, las dudas inciertas y la mirada cansada de un charlatán agotado hacia ella son las cotidianidades de los jueves por la mañana.
Yo avistaba los íconos del escritorio de la PC del psicólogo desde la silla cuando me encontré con el iconito de formato Acrobat Reader que anunciaba: «Llamádas telefónicas.pdf» Es el libro de cuentos, qué loco, me dije, así es que accedí y charlamos de Roberto Bolaño y de su narración extraordinaria y de sus libros y le dije que no era una idea muy genial leer desde la PC -o que por lo menos, yo, lo destestaba. Sí, Mastronardi, es verdad, ya lo tendría que comprar, para mí también es muy incómodo, me dijo, y arrancó con una pregunta puntual para dar inicio a la sesión.
Cuando ya volvía en colectivo, en un semaforo vi por la ventana a una chica de atuendo McDonald's que cruzaba la calle; era muy bonita y llevaba dos libros apretados en su pecho con las dos manos. Tenía cara de asustada y a la vez apurada; me puse algo así como mal cuando vi que los bordados de los bolsillos de atrás de sus jeans portaban la empalagosa M, una a cada lado, dos emes grandotas y vistosas que no hacían, del mameluco ese, algo sutil y frágil como lo que demostraba, en conjunto, su expresión y su piel.

24 oct 2007

(fragmento)

¿Qué te pensás vos, Vladimir, que porque tu hijo haya muerto vos podés tratar así a tu mujer? Pareciera que esperaste a que Rodrigo se vaya... Sabés que no es así, que así no vale, le dijo Julían a Vladimir en un tono intimidatorio, tanto que Vladimir no supo como actuar, al darse cuenta de toda la oscuridad que pronto pesaría sobre él. Se quejó, refunfuñó, recordó los arrumacos con Luciana en la noche, en la noche del pasillo que separaba el departamento C del D de aquel piso 13 en el edificio de José Hernández y Ciudad de la Paz, donde vivía en un monoambiente la madre de Luciana, y ellos, tan jóvenes, tan inocentes e ingenuos, salían a besarse al pasillo oscuro, al pasillo del silencio, ahí al frente de las puertas del ascensor, ahí, hablando bajito, a los besos y a los toqueteos, porque no podían salir a la calle a esas horas y la madre de Luciana dormía en el pequeño monoambiente; no podían hacer otra cosa sino darse amor antes de despedirse. Todo principio termina en tragedia, terminó sentenciándole Vladimir a Julián, y no le quedó otra cosa que sentarse, prenderse un cigarrillo y recapacitar sobre qué estaba haciendo.

23 oct 2007

¿Y qué tiene que ver JM con el pueblo?

–Che, boludo, el viernes no tenés excusas. Nos juntamos sí o sí, hace un montón que no nos vemos. Tomamos unas cervezas y vemos que sale.

–Uh, lo dejamos para el otro finde, campeón, ¡no puedo!

–¿Y ahora qué paso? Hoy es martes, hijo de puta. ¿Desde cuando planeas con tanta anticipación?

–Me tengo que ir –tipeé en la ventanita del msn, antes de darle click a cerrar sesión–. A la noche te mando un mail, contándote, si querés. Abrazos.

No tenía ganas de mandarle el mail ahora. Se lo mando a la noche. Igual, no sé para qué el hecho de mandarle un mail, ¿no? ¿Por qué no le digo que viajo, viajo todo el fin de semana, que no estaré en casa, que no podré tomar cerveza con él? Mi viejo amigo JM de la facultad, mi ex compañero nerd, aquel de barba y ojos claros que se apellida Santos y que tantos parecidos acomete contra el Santos que aparecía en Los Simuladores. JM tiene una barba larga de niño, pelos muy suaves y no se la saca más. Es tan bueno, él. A pesar de que a mí me disguste muchísimo su barba, él siempre tiene para contar muchas historias con chicas, aunque a mí me llame la atención que ninguna le diga que la barba no le asienta bien con su cara aniñada. Quizá yo soy un prejuicioso, claro está, pero una barba larga que se sabe es de niño, no sé si pega con unos anteojos cerca del culo de botella y pelo corto con un flequillo de rulitos que por ejemplo yo, al tener rulos, sé lo que es pelear contra eso –y arremeto con un gorro cuando paso por esa etapa, o trato de despeinarme todo el cabello, en conjunto, así por lo menos queda, a modo global, con una onda parecida. Pero él no, y la última que me acuerdo es que se había comprado una cigarrera para guardar los forros.

–Imagináte, boludo –me comentó, entre otras cosas, la última vez que lo vi–. Yo ya estaba en pelotas y le dije: Pará, Sil, alcanzáme la campera de jean que está ahí en el piso, al costado tuyo. Me la pasó y saqué la cigarrera con los Prime del bolsillo de adentro. Estoy tan seguro, Dios, que quede como un dandy... No hay dudas. Ahora la llevo a todos lados.

–Ja ja, ¿la tenés por ahí? –le dije, asintiendo como siempre, cuando en realidad no quería estar ahí sino fumando en mi casa, ya que llovía y cuando llueve a mí me gusta ir al lavadero, donde está la ventana y la lluvia pega fuertísimo y el sonido, en ese cuartito tan chico, donde el placer retumba y se agranda cuando los dotes de la marihuana paraguaya esa que me venden empieza a hacer efecto.

–¿Podes creer que hoy no la traje? Se ve que, inconscientemente, sabía que hoy no iba a pasar nada, ja ja. Sabía que eran unas cervezas y unas buenas charlas.

Yo también sabía que iba a pasar eso, yo también sabía que iba a tener que soportarlo hablando de cogidas y de mujeres bastante tiempo. De una que conoció por el chat, de otra que tiene un hijo y se está por separar, de alguna otra que conoció por medio de un contacto de MSN. Sabía lo que venía y, como siempre, no hice nada para que eso no pasara.

No todo está tan mal. Cuando me junto con JM yo hago lo mismo. Hablo de chicas y nada más. Es, quizá lo que nos une, entre todos los pocos/muchos temas universales. Antes hablábamos de informática, de Linux, de C o C++; ahora, le dije, que nunca más me toque el tema. Que quiero escapar o olvidar. Que ya no me interesa la PC para esas cosas, que sólo pongo una gran lista de Winamp y navego como un pelotudo mientras pierdo horas, para después acostarme y decirle al techo algo así como "si no hubieras estado todas estas horas en la computadora, ¿cuánto habrías leído? Ya nada importa.

Ah, ¿que qué me espera el fin de semana? Bueno, viajo a Firmat, el pueblito donde hay una hamaca que se supone que vuela. Se mueve y mueve. Son tres hamaquitas en una plaza fantasmagórica, creo que es la del medio la que se mecea sin parar por los aires. Absolutamente todo tipo de comentarios se admiten para con el fenómeno, claro está. La última que me enteré, ayer, es que cambiaron la hamaca, porque pensaban que eso tenía que ver. Hoy, chequeo, vuelve a volar sin que le importe el nuevo material.

Mi idea es entrevistar al pueblo. Mi idea es fumar y salir a caminar por ahí, analizar con ojos paranoicos el escenario y empezar a tocar puertas. Quiero escuchar la historia de El Gordo Totó sobre los extraterrestres que quieren usurpar Firmat, el pueblito fantasma cerca de Rosario o no tan cerca de Carlos Paz (todavía no sé bien dónde queda). Quiero también escuchar a algún pendejo soberbio que me diga mirá, pibe, yo no le tengo miedo a nada, mirá cómo me hamaco en esta porquería, vos te pensás que le tengo miedo a este pelotudeo, cómo me vas a preguntar si me animo a hamacarme, gil. No se si me dirán las cosas así como pienso pero, por lo menos ahora, el sol está entrando por la ventana, su horario es de 11.30 a 12.30 en este aberrante departamento, entonces, claro está, es mi momento de alegría y de pensar que en estos días que se avecinan todo será Sol.

Así que así es, eso me espera. A la noche me voy a ir a hamacar. Ojala que se mueva, que no me cague, que justo este fin de semana no se detenga. Allá voy, Firmat, a investigarte, a conocerte, a ver qué onda. Y después, bueno, esforzarme por escribir una crónica periodística que, pienso ahora, escribiré todo atolondrado en muchas horas hasta atestar el cenicero circular de madera. Después, claro, a adecuar las reglas periodísticas al texto, a "editar", como le llaman ellos. A cortar y seleccionar y sacarle un poco de corazón y meterle sangre fría y neutralidad a las palabras. Todo está bien, los tiempos cambian.

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Este blog fue creado en apuro.

El primer titulo que vino a la cabeza. No le hace asco al boludeo, ya desde el vamos, desde el título. Quizá se esconda en el anonimato, quizá no. Eso, el autor, aún no lo sabe. Tampoco sabe de qué tratará. Qué abordará. Si jugará con el énfasis y la voluntad de la presión del "publicar algo" o si quedará, como otras tantas cosas, en el olvido absoluto.

Este blog fue creado en minutos. Un sistema fugaz que permiten los días cibernéticos. Un titulo aberrante. Como si de registros y nada más tratara la observación, qué mierda.

Todo se esconde en la fachada. En la primer fachada que aparece cuando uno tiene que elegir cómo se verá su bitácora personal. Llana. Plana. Esa es la que eligo.