24 ene 2009

El Sótano es, valga la redundancia, un sótano escondido en la Avda. San Martín, la única calle céntrica de la ciudad de Comodoro. En éste sótano funciona un bar-pool donde tocan bandas todos los fines de semana desde hace, más o menos, quince años (calcúlo yo así al vuelo). Ayer tocaron Intermitentes, Shaman y los Hombres en Llamas y La Patrulla Espacial. Es distinto, ver a Shaman, y la Patrulla, que en la Plata o en Buenos Aires. Es distinto, verlos en tu ciudad, es distinto y hay diferencias; hay ausencia de lo que si queremos apurarnos y etiquetar viene a ser una pequeña tribu, o una escuelita, o el mote que sea que podríamos poner a ese abarcativo y no tan honesto circuito Indie. Es distinto cuando no lo hay y la diversión es más y la apertura es más y la libertad es aún más. Ahí estaba el punkito de la Escuela de Arte comodorense, comiéndose que la psicodelia que destilaba algún tema era para rabiar y pogear infinito. Y así es donde está bien, donde algún pibe random se le une al gordo Heavy asiduo al Sótano en busca de vino y metal, en donde el que recorrió MySpaces encontró y aterrizó, en donde el que pateó el centro alguna tarde vió los humildes afiches y dijo allá voy. Las tres bandas estuvieron bien y a las tres las había escuchado poco. En un momento prendimos una ínfima colilla de porro y, nadie sabe cómo, apareció un tipo de civil con esposas matoneando con llevarnos. Nos dijo que ya ya ya y en mi letargo yo respondí “está bien, okey”. Caminábamos y le dije “mirá”, las palabras no me salían, y por detrás sonaba un megáfono y una guitarra espacial, y también avistaba los ojos, los ojos de los demás, el qué habrán hecho. Entonces le dije mirá la tiramos, la tiramos y no hacemos más nada; sonó débil y apaciguado, pero se ve que lo tranquilizó, o me creyó, o a lo primero se había hecho el duro de reflejo, pero dijo “está bien, disfruten nomás” y volvimos sin acotar nada -sólo lo hicimos tarde y en el regreso.


22 dic 2008

Hoy a la noche me voy a Rada Tilly. No sé para qué escribo esto. Tengo que leer sobre la situación en Medio Oriente para rendir hoy, pero no tengo ganas. Me entristece. Me entristece leer sobre cómo se cobijó a los judíos sionistas después del Holocausto. Me entristece leer sobre la ausencia de acción de Inglaterra en defensa de los palestinos. Me conmueve la creación de Al Fatah para resistir, sí. Las descripciones de Illan Pappé sobre cómo saquearon las pequeñas aldeas. Las fotos, ahí están: miles de carpas en las cercanías con Jordania cargadas de madres y abuelos y ancianas con bastones. Ben Gurión, el héroe judio. Tramando desde su hogar junto a los sionistas cómo aniquilar. Saber cómo los palestinos no tenían idea de lo que se venía. Cómo seguían con su rutina trabajadora. De pronto, la invasión. De pronto, la expulsión. La cruda forma del desalojo que llevaban a cabo el Irgún, la Haganá. Walsh y sus andanzas junto a los de Hamás. Walsh contestándole a la Embajada de Israel en Argentina. Ahí está, Rodolfo Walsh presente, el periodista más audaz y con más corazón que tuvo el país en los últimos cincuenta o cien o doscientos años. La estúpida resolución de la ONU. Todo sigue vigente. La semana pasada liberaron a 220 palestinos. En estos días bombardearon la Franja de Gaza. Y Gaza responde. El eterno dilema. Pero: ¿quién empezó? ¿Quién vino a usurpar? ¿Por qué Israel quiere todo? ¿Por qué la limpieza étnica? ¿Cuándo terminará todo? ¿Y si simplemente no hay final? ¿Si simplemente el mundo es guerra, y no tendrá fin? ¿Si simplemente el mortal jamás encontrará la Paz? ¿Y si el mundo no tiene forma de seguir adelante si no es por los conflictos? Creo que siempre tiene que haber conflictos. Ayer en un programa de televisión había invitados políticos. Estaban Michetti, Giustiniani, Filmus, Sabbatella, Lozano y Morales. Hablaron sobre las ideas, sobre la democracia. Una de las conclusiones era que no hay democracia sin conflictos. Bueno, me cago en todos, no me gustó ninguno, no me banqué a ninguno. Y claro que no hay democracia sin conflictos -no hay política sin conflictos. Eso sí, todos aún reivindican la democracia. Siendo que en los últimos veinticino años no fue más que un fraude. No entiendo este festejo, este bicentenario. ¿Tenemos que festejar que podemos opinar? ¿Tenemos que festejar que no estamos siendo picaneados? La democracia es un fraude. Aunque sí coincido: la peor democracia siempre será mejor que cualquier dictadura. Tengo dudas. Siempre tengo dudas. Esto que escribo está cargado de dudas. Simplemente lo uso como descarga. Me voy, me voy al sur, y no haré nada. No tengo computadora, me llevo como 20 libros y capaz termine alguno. Trabajaré con mi hermano seguramente, colocando jaulas a camionetas petroleras. No es dificil, aunque a mis manitos débiles y digitales le cueste un poco. Mi hermano es un tipo de oficio, y sólo tiene 20 años. Pero trabaja hace 2 años de lunes a sábados, gana su buena plata; sus lujos son comprar cosas para su auto, porque ya se pudo comprar el auto. Está bien, no lo critico. No terminó la escuela tampoco. Yo no tengo mucho diálogo con él. Pero estoy lejos y los últimos tres años no hablamos más que sólo en enero. Y nos tomamos algo juntos en las fiestas. Somos tan diferentes. Creo que tendría que apretar enter. Pero como tengo años de PC encima puedo escribir muy rápido. Muy. Entro a un foro, recién, porque me estaba hartando de estas palabras. Apreto en la sección Actualidad, a ver que hay. Veo más atrás, sobre el fin de semana. Un tipo convoca a algunos para marchar por el 20 de diciembre en recuerdo del 2001. "Todos por el Argentinazo" tituló, o algo así. Uno contestó, ah, en esa época estaba en la costa; otro dijo: uh, argentinazo, ya no saben qué inventar. Otro dijo: el cacerolazo es un invento chileno. No leí más. Ya todo es burlesco. Quizá son chicos, pienso, quizá no les importa que mataron a personas, a jovenes. Quizá no les importa lo del Puente Pueyrredón. Yo también era chico en esa época, bueno, tenía 16 y vivía en un pueblo de cinco mil habitantes en Chubut a 20 kilómetros de Santa Cruz. Tampoco miraba tele y me gustaba andar en bici o callejear o sufrir el viento rateándome de la escuela. Pero después, un paso adelante, vamos, tiene que haber algo, abrir un poco los ojos. O capaz no. Yo qué carajos sé. De este año, que ya se cumplen los 360 días, fumé marihuana 300 días, por lo menos. Qué carajos puedo opinar, si soy una almohada, si soy una planta a la que le gusta llegar a la noche para poner una película y fumar un porro. Soy el pelotudo que no puede dormir si no fumó antes de acostarse. Soy el pelotudo al que su madre visita y espera para que se duerma para fumar marihuana nervioso y tirar el humo por la ventanita del baño para que el olor no se impregne y no llegue al olfato adormilado de su madre. Soy ese pelotudo, entonces, qué hago escribiendo. Esto no es más que quejas, bueno. Pero ya está, qué puedo hacer. Vuelvo. Leí a Arlt. me entero que estuvo en la Patagonia. Bariloche, Neuquén, Carmen de Patagones. En 1934. Aguafuertes, algunas de sus tantas. Qué tipo prolífico, Arlt. Mil ochocientas notas para El Mundo, El juguete rabioso, la mejor novela que leí argentina; Los siete Locos, Los Lanzallamas, El criador de gorila, cuentos, obras de teatro, más y más. Ya no hay nadie así. En TEA, que está lleno de gente imbancable, preguntan a quiénes leemos en los diarios. Yo jamás respondí y jamás dije algo, porque no me gusta ninguno. Caparrós y sus contratapas es nombrado. O Wainfeld. Muchas veces se quejan de los gerundios o de ponerle un poco de humor a la cosa. Pero claro: el primer día, una profesora de Taller, dijo: Sépan sólo una cosa, acá nadie, ni ahora ni nunca, será como Roberto Arlt, caigan a la tierra. Bueno, lo veneró ahí al instante. Ya sé que no podemos ser Arlt, vejeta editora de una revista de género, con años encima y con historia, ya sé, pero tampoco lo digás así. Ya algunos tenemos bastante con la auto martirización como para que vengas vos también a tirar no leña sino carbón al fuego. TEA es una mierda pero sigo y sólo sé que sigo ahí porque conocí a 3 personas muy especiales, de los que me hice muy amigo. Y por ellos sigo, y también creo que yo ayudo a ellos para seguir. Vamos juntos, entre crítica y crítica, entre ensalsamiento y engarzamiento criticón, cargamos la metralleta linguistica de humor, aderezamos el horario de noche semanal con un poco de acidez y podemos seguir adelante, total después vamos a tomar una cerveza y nos desahogamos. Hoy quiero empezar a leer una novela, El cuento de la criada, de Margaret Atwood. No sé por qué, pero quiero empezarla. No sé de qué se trata; en la contratapa dicen que es una versión de La Naranja Mecánica o algo así. Veremos. También tengo Diez días que conmovieron al mundo de John Reed. De él leí México Insurgente, sobre la Revolución Mexicana, y me dejó helado. El retrato que hace de Pancho Villa es alucinante; él y sus caballos, él y su osadia, él y su ejercito campesino, entrando al DF al ritmo de la alegría. Pancho Villa es más audaz que Zapata. Los dos ya no están, de los dos quizá hay que aprender. Cuando me senté pensé que no tenía nada para escribir. Ahora veo que sólo tengo cosas confusas, siempre cortitas, no pudiendo profundizar en ninguna, como esto que se lee acá, que no lo estoy releyendo, en esta ventanita blogger chiquita. Me gusta algo de blogger. No me agobia con publicidades, dentro de todo, es bastante libre. Sé a lo que estoy atado. Pero algo tiene, entre tanta mierda de red social y tanta minimalización de vida. Facebook está atorando a todos y de eso no dudo. Facebook está acongojando el hecho de vivir. Facebook está aturdiendo a los impacientes. Yo tuve y ya no tengo más. ¿Por qué, de vez en cuando, me urge entrar? ¿Por qué, de vez en cuando, quiero saber en qué andan algunos amigos? Pero: ¿de qué carajos me entero cuando entro?: de nada. Es una mierda sin sentido. No quiero saber que son las 14.54 y estás comiendo albondigas, boluda. No quiero saber que ya estás de vaciones. No quiero ver las fotos nuevas de un compañero de la primaria con cara de pelotudo y contentísimo porque tiene novia y el álbum llamado Yo y Ella carga con cuarenta fotos de ellos y veinte de besos. Ellos dos, pareja feliz y admirable, sentados a la mesa, vamos, mi amor, dame un beso, y con la otra mano, flash, flash, foto. A ver, corazón, ¿cómo salió? Vamos con otra. Pará, frená en mi boca, que la cámara tarda unos segundos, por el flash. Para, amorcito, salí re mal, dejá que me tape la oreja con el pelo. No quiero saber más nada. Me gusta irme porque me ausenta de algunas cosas con las que tengo que combatir en el año. Me encanta ir y estar desinformado, perdido en una nube de pedo. Sí: quizá está mal. Es una forma, simplemente, de borrarme, es como una pequeña muerte, por más estúpido y haragán que suene. Es mi muerte, es la única posible en vida. Tengo que pensar también, de qué se viene el 2009. De cómo ir llevando la vida. También tengo un amor perdido, un amor al que extraño mucho, y que vive a demasiados kilómetros, y por ahí nos podemos ver. Tengo miedo, como siempre. Ella sabe que yo tengo miedo, ella sabe que ella no tiene miedo, porque es más audaz, y tiene actitud, y tiene valores, y sabe cómo seguir para delante, cosa de la que yo no sé nada, cosa de la que temo porque tengo el culo fruncido y porque soy un chico de sofá. Escucho a Bad Religion y Recipe For Hate es su mejor disco. Me cansé, voy a comer arroz con atún. Son las doce del mediodía. Es la primera vez que almuerzo a las doce del mediodía. Siempre hay una primera vez para todo, frase trillada que repite Madre, frase que siempre me gustó.

22 nov 2008

Hoy estoy apesadumbrado. Mi caminar no es el mismo que el de ayer: deambulo famélicamente, desvaneciéndome sobre las baldosas sucias de las veredas angostas. Las caras que avisto desde mi rencor no me demuestran alegría. En casa no me espera sino un poco más de soledad. Necesito conocer a alguien para sentirme en sintonía. Pienso que si Silvio Astier hubiera sido real y contemporáneo lo hubiera conocido en Comodoro. La madurez se va transformando en una embalsamación a la que temo y donde no me gustaría estacionar. Es inevitable, aunque la única posibilidad que vislumbro es una posible frescura, mantenerme a tono refugiado en cierta espontaneidad. Los libros no me devuelven otra cosa que no sean preguntas. Sospecho que esto no cesará nunca más. Está bien. Quizá en unos años o cuando me acerque a los treinta o dos días después de cumplir veinticinco una porción milimétrica del universo estará un poco más asimilada por mí. Y eso es quizá lo que me permita seguir adelante, con las preguntas de siempre en la mochila, reformuladas, distorsionadas o un poco más avanzadas, en el escenario donde el procedimiento sólo se refleje en el tiempo.

19 nov 2008

1

Las ideas parecieran atropellar la miseria apenas nacen. Se topan inconcientemente con la desgracia. Así nacen: podridas, con una fuerza que no es fuerza, con un destino muy cierto. Se mueven y fluyen con una voluntad de muerte demasiado exasperante.

El tiempo es otro en la noche. Mientras todos duermen Darío está blasfemando contra todo y todos. Cuando se acuesta, todo termina. Algo pasa, entre medio de los sueños, entre esas horas muertas. Darío no sabe qué, simplemente hace años que no recuerda ningún sueño. No sabe si en ese ínterin algo pasó, algo se modificó en él. Quiere pensar que sí. Pero termina dudando, como hace con todo.

Los movimientos físicos de Darío son interpelados por un signo de interrogación. El signo se cruza, lo hace tropezar, caer, volver a levantarse. La incertidumbre adictiva y repugnante como proceso regulador en la supuesta carrera de vida.

Ya no es tiempo para el humor. Ya mucho tiempo gastó Darío en el refugio de la sonrisa hacia las miserias familiares y a las desgracias del ser humano. Ya es tiempo de vislumbrar algo nuevo para seguir en pie.

2

En Don Torcuato mi viejo le pidió el Renault al tío Estobar en la mañana del domingo. ¿A qué hora más o menos el asado?, le dijo Padre, y Estobar contestó que como a la una. Decidió ir a visitar a su madre a Villa de Mayo. Le dije que lo acompañaba. Fuimos y no estaba. Seguramente está en el Salón de los Testigos, dijo mi viejo. Y tuvo una buena idea: ir a lo de Adín, un amigo del que, por lo menos en mi infancia, escuché mucho. ¿Y sabés si sigue en el mismo kiosco que cuando vos te fuiste?, le pregunté. Dijo que seguramente y partimos. Estaba Adín y Elena, la esposa. También llamaron a Claudio y apareció de pronto una prima de Elena y después una del barrio que sólo recordó a mi viejo cuando le dijeron que lo apodaban “Flaco”. Rememoraron anécdotas, se habló de quiénes estaban enfermos y quiénes no, de quiénes murieron. El último había sido un muy amigo de Elena del que mi viejo no recordaba nada –aunque se esmeró y todos los presentes hicieron esfuerzo por detallar anécdotas con él de hace más de veinte años. Elena contó que no daba más. Depresión, depresión, no aguantó, repetía Elena. Le hicieron una muy fea. Lo mataron señalándolo. Se puso un poco mal y creo que empezaron a hablar de otra cosa. No aguanté la curiosidad y pedí que me cuenten. Resulta que a Sandro lo dejaron solo. La mujer se le fue con uno y parece que se le reían. Que lo llamaban y lo jodían. La misma ex mujer y el nuevo esposo. Y la familia de éste nuevo hombre en la vida de la mujer con la que Sandro estaba se mantenía en sintonía con la hijaputez. Y colaboró haciendo carteles donde acusaban a Sandro de cornudo. Con un dibujo y todo, dijo Elena, no sabés lo mal que estaba Sandro, yo no lo podía creer. Colgaron un pasacalle, también, y acá en la peluquería pegaban carteles. Lo jodían por teléfono, se tuvo que cambiar de teléfono, remató Elena. Claudio, pensando en Jesús, dijo algo como que el Señor iba a hacerle caer el peso a estos culpables.

3

Mi abuela tiene alzheimer y no hace más que reírse todo el tiempo. Ante cada cosa, ríe. Siempre fue callada, recuerdo lo difícil que era dialogar con ella. Desde que murió su esposo y su hija menor esto se acentuó fuertemente. Ahora Madre y Tía se quejan de lo mal que está y todo el mundo familiar habla más de ella de lo que hablaron los últimos diez años. La enfermedad es el motor-sindrome de la reacción de todos ante mi abuela y ella no está más que riendo de todo y todos. Ya pasó la barrera: superó la voluntad de muerte. (Tampoco tiene conciencia de espera.)

13 sept 2008

Es raro, cuando uno se escapa, vuelve a las dos semanas, y alguien le hace la pregunta de cómo fue todo. Porque no hay un medio, un desarrollo, o sí lo hay pero no tiene figuración. Dos semanas de desconexión, en un lugar de frío polar y soledad, donde las juntas con gente tienen tópicos generalmente de y sobre dinero, los señores y las señoras hablan de los últimos negocios, los problemas parecieran ser siempre los mismos; la plata pareciera, a simple vista, reinar más que en otros lugares, aunque esto es sólo una fantasía. El noticiero local de Comodoro Rivadavia muestra los paros obreros. El sindicato petrolero reúne cada vez más gente, algunos otros dicen que los petroleros no quieren trabajar, “acá nadie quiere laburar”, pero bueno, los comentarios siempre están y otros hacen oídos sordos y otros alardean sin saber sobre qué alardean. Yo (qué primera persona delatora: yo yo yo, sí, yo, un pendejo totalmente neutral que casi siempre escucha y no se anima a opinar porque, seguramente, no tiene aún la sangre totalmente caliente) escuchaba, y no hacía otra cosa: seguramente ni pensaba. La desinformación es grande; sin PC para chequear un poco internet, sin diarios. Sólo la tele, la tele la tele la tele. Prendo en un momento y muestran los muertos actuales de la guerra Rusia-Georgia y no sé por qué, quiero saber por qué, qué está pasando, pero sólo muertos y muertos, nadie dice por qué, qué hay en el medio, pareciera no importarles, maldito TN, no estoy enterado de nada. Hoy me entero de la victoria del compañero Evo; hoy me entero de que Bush en Beijing dijo algo así como “¿Guerra? ¿Por qué otra guerra?”, acumulando otra joyita falsa más a su atroz prontuario; hoy el profesor relaciona el hecho actual de Georgia con el Galtieri de la época de Malvinas, Estados Unidos de fondo, a ver si nos salva la gran potencia mundial, a ver si acude a nuestra ayuda: ya basta. Volver al clima, volver al crispamiento de venas: si lo vemos en términos de correcto o incorrecto, creo es correcto.

No hay un medio: no sabemos qué hicimos. Sí recuerdo caminar y disfrutar, gracias al reproductor de mp3, que es una salvación –porque yo usaba discman, pero en el bolsillo solía llevar no más de dos discos. Y sí hay momento para caminar y combatir el frío con, por ejemplo, Beyond de Dinosaur Jr., caminar y caminar, en una batalla contra nadie. La mirada hacia el horizonte de puro pedregullo, mientras acompañan los fantasmas de algo que después de las doce de la noche pareciese muerto. O ir escuchando Pavement, Brighteen the corners, que suene fuerte Stereo, y que siga Shady Lane, y sortear las casas, que cada vez están mas yankees y burguesitas, con su pastito recién cortado y sus veredas afiladas y armaditas como las de las familias de los Sims, y jugar, a ver, cada cuántas cuadras hay simplemente una luz en un living, o algo: algún aventurero que no pueda dormir; otro aventurero que vea una película, 2 o 3 amigos tomando una cerveza con la cortina abierta: situaciones que no encontré, aunque tampoco las busqué, era simplemente un registro al compás de la desconexión. La atención puesta en nimiedades que también logran hervir la sangre, de otro modo, claro, pero sí hay un paralelismo.

Rada Tilly va creciendo, con sus casas, como decía, para que la gente desfile el domingo por la costanera, y que señor al volante le haga un comentario a señora de al lado, sobre las casas, mirá esta mansión, mirá esta otra, qué hermoso ventanal, mirá cómo tienen el césped. Hasta hay arquitectos de moda: cada construcción o refacción lleva los mismos nombres en el cartel arquitectónico de su enrejado. Eso pega en el inconsciente, pienso.

No sé qué hice ni qué paso, sólo me quedan vestigios de críticas sin fundamentos que quedaron escondidas; los resabios los cuelo acá en el blogger, porque entro, veo qué onda, lo veo acá, caído, sin sentido, me pregunto para qué está, qué estoy haciendo, qué intento con esto, concluyo en nada, en que no sé, y todo termina en duda. Sólo queda el principio y el fin.

El principio, un viaje en colectivo divertido, viajar con dos chicas de Tandil, las dos enfermeras; un amigo de Río Gallegos las invitó a vivir al sur, a ver si hacían unos pesos más y se desligaban un poco de sus problemas, el famoso empezar de nuevo. Mariana tiene 19 años, y era la joven de ellas, y era linda, muy linda. Gabriela tenía 40. Eran amigas, se conocieron en el Hospital Público de Tandil; al tiempo el viejo de Mariana la echó de la casa porque empezó a practicar boxeo (ya había dejado la escuela, ese había sido el primer enojo del padre, y después un par de cosas más y las descripciones de Mariana sobre lo ogro que es el padre, no las recuerdo, pero eran puntillosas, emocionales y desgarradoras) y Gabriela, separada, sus dos hijos viviendo con el padre, la invitó a Mariana a su casa. A los tres meses salió esta oportunidad, la de Gallegos, y se jugaron. Mariana le mandó un mensaje a su mamá desde el mismo colectivo, que estaba viajando. La madre también le contestaba por mensaje. Viajé 30 horas con ellas, y fue divertido. Me gané el Bingo Andesmar (gracias a ellas, que cuando completé se animaron a gritar “¡Bingo Andesmar, Bingo Andesmar!”, ante la advertencia del azafato buena onda mendocino, que dijo que había que avisar en voz alta, si no, no había ganador), tomé vino con ellas, vi videos de boxeo de Mariana en su celular, veía cómo golpeaba a sus rivales, qué fuerza tenía, y qué delicada era. Empezó boxeo hace un año, y es, seguramente, la reina del gimnasio, con sus ojos miel, su piel trigueña y delicada, rebosante de una feminidad que, pienso, debe causar estragos en el ring.

El fin, estar acá de nuevo encerrado en esta jaula de departamento, que me hace muy bien y muy mal a la vez; cargarme de humo y de indecisión, rechazar las llamadas de mi madre y apuntar estas cosas en forma de diario, inmiscuirme en un infierno de conversación, retomar este texto que empecé cuando llegué y lo dejé tirado y acá está y sigo tipeando sin saber adónde ir pero pensando que de alguna forma, todo esto, para nada agudo, sino borroso y distorsionado, es una posible salvación.

13 jul 2008

Con sólo pensar que Nick Drake reina estos días algo deviene en todo este estado. Algo está mal, o algo está bien. Alguna parte está bien, otra mal. Eso lo sabemos. También sabemos que esto no es así. Que si esto sigue así, va camino a explotar. También conocemos de magia. ¿Conocemos de estabilidad emocional? Patrañas de niño, dijeron por ahí. “Emociones de adolescente”, retumba en la última grieta del lavadero. Sos muy problemático. Pensás mucho las cosas. Te haces problema por todo. Cuando niño, padre decía: te ahogás en un vaso de agua. Cuando niño, madre decía: no te encierres así que no ganas nada. Otros ya lo entienden. El último cavernícola del estado hipnótico del cuarto contiguo agita que las cosas están bien. Otro, el malevo, el de vena nerviosa, el que está a punto de explotar, declara: todo está mal. El más aventurero escribe en su diario pálidas cotidianas; no es mucho decir que a su último diario lo tituló: Apuntes para una cotidianidad intrascendente. Aquél está mal. Los que escuchan, mitad aplauden, mitad lloran, mitad odian, mitad no dicen nada. También están los fantasmas: ellos ya saben de antemano cómo vendrán las cosas; lagrimean ante el advenimiento del futuro, ante el atroz estado de todo y todos. ¿Sólo resta qué?